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El momento más emocionante de la Fórmula 1 —la carrera desesperada por la pole— está al borde de una transformación fundamental en 2026, y no necesariamente para mejor. Lo que tradicionalmente ha representado la prueba más pura de velocidad y precisión del automovilismo corre ahora el riesgo de convertirse en un ejercicio clínico de gestión de batería y recuperación de energía, alterando de raíz el espectáculo que los aficionados han disfrutado durante décadas.
El detonante de esta preocupación surgió en los test de pretemporada en Barcelona, donde el piloto de Haas Esteban Ocon reveló una realidad sorprendente: los pilotos tendrán que recurrir a técnicas de lift-and-coast durante las propias vueltas de clasificación. Esta revelación ha disparado la inquietud sobre cómo se desarrollarán los momentos más electrizantes del deporte a lo largo de la temporada 2026.
"Tenemos que usar técnicas de lift-and-coast en las tandas de clasificación", contó Ocon. "Al principio se sintió raro. Pero ya lo habíamos practicado antes en el simulador". Esta frase resume el cambio de paradigma al que se enfrenta la Fórmula 1: la clasificación, históricamente un escaparate de agresividad sin freno y rendimiento máximo, exigirá ahora una contención calculada.

En el centro de este rompecabezas de la clasificación está la reforma total del reglamento de unidades de potencia de la F1. El equilibrio entre el motor de combustión interna y la potencia eléctrica pasa del actual reparto 80/20 a una distribución 50/50. Al mismo tiempo, los sistemas de recuperación de energía recuperarán el doble de energía por vuelta en comparación con 2025, mientras que el MGU-H —un elemento fijo desde 2014— desaparece por completo del deporte.
Este cambio de arquitectura eleva la energía eléctrica de herramienta complementaria a socio en igualdad de condiciones con el motor de gasolina tradicional. La consecuencia es profunda: los pilotos asumen una responsabilidad mucho mayor en la gestión de la batería en cada vuelta, incluida la búsqueda de la pole.

El dilema de la vuelta de clasificación representa quizá la amenaza más insidiosa para el interés de los aficionados. Los pilotos deben navegar exigencias contradictorias: recuperar suficiente energía de la batería mediante lift-and-coast para llegar a la máxima capacidad de despliegue, y a la vez mantener el impulso necesario para marcar tiempos competitivos. El margen de error es mínimo.
El jefe de equipo de Haas, Ayao Komatsu, ha descrito lo precario de la preparación para la clasificación. "Si algo sale mal, creo que será bastante evidente", explicó. Un error de cálculo —sobre todo durante la preparación crítica de la vuelta de salida (outlap)— podría costarle a un piloto alrededor de medio segundo por vuelta, lo que puede arruinar estrategias enteras antes incluso de empezar la vuelta lanzada.
"Es muy, muy importante cómo pasas por esas dos últimas curvas", advirtió Komatsu. "Si no sales con suficiente velocidad de, digamos, la curva 14 en Barcelona, para cuando llegas a la recta de meta no tienes la velocidad suficiente. Así que tu vuelta de clasificación ya está arruinada".

Más allá de las cuestiones energéticas, la temporada 2026 introduce cambios estructurales en la propia clasificación. Con la llegada de Cadillac y la ampliación de la parrilla a 22 coches, la FIA ha ajustado los umbrales de eliminación manteniendo el duelo competitivo de la Q3. Seis pilotos —en lugar de los cinco anteriores— quedarán eliminados tanto en Q1 como en Q2, canalizando el grupo hacia una ya conocida batalla de 10 coches en Q3.
Los tiempos de sesión se mantienen: 18 minutos para la Q1, 15 para la Q2 y 12 para la Q3. Sin embargo, el mayor ritmo de eliminación intensifica la presión en la zona media, ya que los errores se vuelven catastróficos cuando hay más coches peleando por menos plazas de avance.

A estas dificultades se suma la variabilidad según el circuito. El Albert Park de Melbourne, sede del Gran Premio de Australia que abre la temporada, presenta dificultades particulares para recuperar energía de la batería, en claro contraste con las características de Baréin. "Aunque llegues a un punto en el que estés muy seguro en Baréin con consistencia, luego vas a Melbourne y es una condición completamente diferente", señaló Komatsu. "Eso va a ser un desafío enorme".
Del mismo modo, los circuitos con secciones muy diferenciadas —como las calles de Bakú que desembocan en rectas larguísimas— exigen estrategias de despliegue de energía contradictorias, lo que pondrá a prueba la capacidad de adaptación de los pilotos y podría dejar al descubierto la inconsistencia de forma muy marcada.
La preocupación de fondo que subyace a estos retos técnicos es el interés del espectador. Reducir la clasificación a vueltas controladas y gestionadas por energía amenaza con recortar la emoción visual que distingue el duelo del sábado de la competición del domingo. Cuando los pilotos deben levantar el pie de forma consciente durante intentos de clasificación —una técnica que los espectadores asocian con carreras de ahorro— se resiente la percepción psicológica de un esfuerzo a fondo.
La temporada 2026 determinará, en última instancia, si estos cambios reglamentarios son una evolución necesaria hacia la sostenibilidad o un paso en falso que sacrifica la moneda dramática esencial del automovilismo. Por ahora, las revelaciones de Ocon en Barcelona sirven como una advertencia temprana: el momento más celebrado de la F1 afronta desafíos sin precedentes.

Es ingeniero de software y un gran apasionado de la Fórmula 1 y los deportes de motor. Es cofundador de Formula Live Pulse, una empresa dedicada a hacer que la telemetría en directo y la información sobre las carreras sean accesibles, visuales y fáciles de seguir.