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Una pieza de la historia de la Fórmula 1 ha encontrado nuevo custodio. El Benetton B192-05 de 1992, el monoplaza que llevó a Michael Schumacher a su primera victoria en un Gran Premio, se ha vendido por 5.082.000 € en Broad Arrow Auctions, poniendo fin a su serie inaugural de subastas en línea Global Icons. Aunque el precio final quedó por debajo de la estimación inicial de 8,5 millones de euros, la operación supone un momento clave en la preservación del patrimonio del automovilismo, al convertirse esta máquina en la primera oferta pública de lo que acabaría siendo uno de los vehículos de competición más icónicos de la historia de la F1.
La importancia de este Benetton va mucho más allá de su precio de venta. El 30 de agosto de 1992, en el castigado por la meteorología circuito de Spa-Francorchamps en Bélgica, Schumacher condujo este mismo monoplaza hasta la victoria en apenas su segunda carrera de Fórmula 1 con el equipo Benetton. Aquel triunfo fue la chispa que encendió una trayectoria que terminaría dando siete campeonatos del mundo de pilotos, consolidando a Schumacher como la fuerza más dominante del deporte durante más de una década. Como expresó con acierto la casa de subastas, fue «la chispa esencial que da inicio a una leyenda. Un solo paso en el camino que llevaría a Michael Schumacher a siete campeonatos del mundo de pilotos».
El B192-05 encarna la innovación aerodinámica y mecánica de vanguardia de la era de la Fórmula 1 a comienzos de los años 90. Diseñado por el legendario ingeniero Rory Byrne, que acabaría siendo sinónimo de los Benetton campeones y, más tarde, de la maquinaria ganadora de Ferrari, el B192 representó un desafío audaz a los dominantes Williams y McLaren, que habían marcado el panorama de la F1.
Bajo su distintiva decoración amarilla y verde se escondía un motor Ford V8 de 3,5 litros que entregaba entre 660 y 680 caballos de potencia. El monoplaza contaba con una caja de cambios totalmente manual—un detalle que conviene subrayar, ya que el B192 sería el último Fórmula 1 con cambio manual producido por Benetton. En el exigente trazado del Gran Premio de Bélgica, Schumacher completó con precisión 44 vueltas que sumaron 300 kilómetros, mostrando la disciplina y el dominio técnico que se convertirían en su sello, y que definieron su manera de entender este deporte.

Conviene recordar que el compañero de Schumacher en Benetton aquella temporada fue Martin Brundle, un piloto muy respetado por méritos propios. La pareja firmó resultados competitivos, con el B192 acumulando 11 podios, una victoria y dos vueltas rápidas a lo largo de las campañas de ambos pilotos. Aunque el triunfo revelación de Schumacher acaparó los titulares, el rendimiento global del coche demostró que la dirección técnica de Benetton—guiada por el director del equipo Flavio Briatore y el ingeniero Ross Brawn—empezaba a desafiar al establishment del deporte.
La venta del B192-05 supuso un punto de inflexión para el coleccionismo de recuerdos de la Fórmula 1. Por primera vez en su existencia, esta máquina de enorme relevancia histórica se ofrecía al mercado público, atrayendo un intenso interés internacional. La serie Global Icons de Broad Arrow reunió a casi 800 postores registrados de 35 países, reflejo del apetito global por un patrimonio del automovilismo auténtico.
La serie de subastas en su conjunto resultó notablemente exitosa, con 18,3 millones de euros en ventas totales a lo largo de tres eventos en línea y un 90% de lotes vendidos, consolidando a Broad Arrow como un actor serio en el ámbito de los recuerdos del automovilismo y las subastas de coches de colección. Junto al B192, la serie incluyó otras leyendas del automóvil: un Lamborghini Miura P400 S de 1971 que se vendió por 1.716.000 €, y un Ferrari 275 GTS de 1965 que alcanzó 1.386.000 €.

Las propias palabras de Schumacher aquella tarde victoriosa de 1992 capturan el peso emocional de esta máquina: «De verdad que no puedo describirlo; es una locura». Para un joven piloto alemán cuyo nombre era prácticamente desconocido fuera de los círculos especializados apenas unos meses antes, aquella victoria en Spa trascendió el logro deportivo habitual: fue el inicio de una transformación que remodelaría el panorama competitivo de la Fórmula 1 durante las dos décadas siguientes.
El recorrido del B192, de arma de carreras a pieza de calidad museística, refleja el reconocimiento del deporte hacia su propio legado. Coleccionistas e instituciones entienden cada vez más que conservar estas máquinas no es solo una indulgencia nostálgica; es ejercer la custodia de una historia tecnológica y cultural. Este Benetton en particular lleva en su chasis de fibra de carbono el espíritu revolucionario de la ingeniería de principios de los 90 y el instante preciso en el que la Fórmula 1 moderna cambió bajo el peso de un piloto que redefiniría el significado de la dominación.
La venta garantiza que esta máquina emblemática seguirá contando su historia a generaciones de aficionados e historiadores del automovilismo.

Es ingeniero de software y un gran apasionado de la Fórmula 1 y los deportes de motor. Es cofundador de Formula Live Pulse, una empresa dedicada a hacer que la telemetría en directo y la información sobre las carreras sean accesibles, visuales y fáciles de seguir.