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La esperadísima campaña 2026 de Aston Martin ya afronta una crisis que podría marcar toda la temporada antes incluso de completar una sola vuelta competitiva a pleno rendimiento. Pese a haber asegurado a Adrian Newey —posiblemente la mente de diseño más brillante de la Fórmula 1—, el equipo de Silverstone se enfrenta a un problema de caja de cambios tan grave que los expertos sugieren que reconstruirla podría llevar seis meses, lo que podría costarles toda la primera mitad del año.
Las dificultades se agravan si se tiene en cuenta que Aston Martin empezó a desarrollar su monoplaza de 2026 con cuatro meses de retraso, esperando a que Newey terminara su periodo de “gardening leave” contractual tras su salida de Red Bull. Ese arranque tardío ya les dejaba en desventaja, pero las recientes pruebas de pretemporada han sacado a la luz carencias técnicas mucho más serias.
Las primeras señales de alarma aparecieron en el shakedown de Barcelona a finales de enero, donde el AMR26 de Newey completó apenas cinco vueltas antes de sufrir una avería. La situación empeoró de forma drástica durante los test oficiales de pretemporada en Baréin, donde Lance Stroll registró solo 36 vueltas el primer día en medio de persistentes problemas con la unidad de potencia.
Lo más inquietante es que Stroll describió el déficit de rendimiento del equipo con una franqueza brutal: «Aston Martin está a 4,5 segundos de los equipos punteros». Para ponerlo en contexto, se trata de una brecha de rendimiento catastrófica a estas alturas de la temporada.
La raíz de los problemas de Aston Martin está, en parte, en la arquitectura revolucionaria del reglamento de 2026. La nueva era presenta un reparto de potencia cercano al 50/50 entre el motor de combustión interna y el MGU-K, lo que impone exigencias inéditas a los componentes mecánicos.
En concreto, la primera caja de cambios desarrollada internamente por Aston Martin no puede soportar la nueva configuración de relaciones cortas necesaria para una deceleración eficiente en curva. El funcionamiento constante del motor a altas revoluciones —imprescindible para recuperar energía eléctrica— genera una enorme demanda de par negativo, sometiendo a esfuerzos que su caja de cambios, sencillamente, no fue diseñada para soportar.

Si Aston Martin iniciara la reconstrucción de la caja de cambios de inmediato, no estaría lista hasta julio, lo que equivaldría a renunciar, en la práctica, a los primeros cinco meses de competición. Sin embargo, el jefe de equipo Mike Krack y el piloto Fernando Alonso han dejado entrever una aceptación estratégica de este escenario.
De forma llamativa, Alonso sugirió en la presentación del equipo para 2026 que Aston Martin «podría tener un coche realmente competitivo en la segunda mitad del año», con opciones de pelear por victorias. Esta afirmación críptica sugiere que el equipo ya ha asumido —o está considerando muy seriamente— un rediseño integral de la caja de cambios como una inversión calculada a largo plazo.
Sigue siendo incierto si Aston Martin dispone de tiempo y recursos suficientes para ejecutar modificaciones tan profundas antes del Gran Premio de Melbourne del 8 de marzo. Con solo tres semanas entre el último día de test en Baréin y el inicio de la temporada, las soluciones inmediatas parecen poco realistas.
La legendaria capacidad de Newey para el diseño puede acabar elevando a Aston Martin a la condición de aspirante real al campeonato a mitad de temporada, pero los desafíos técnicos sin precedentes de 2026 demuestran que ni siquiera los diseñadores legendarios pueden saltarse las limitaciones fundamentales de la ingeniería… al menos, no de forma inmediata.

Es ingeniero de software y un gran apasionado de la Fórmula 1 y los deportes de motor. Es cofundador de Formula Live Pulse, una empresa dedicada a hacer que la telemetría en directo y la información sobre las carreras sean accesibles, visuales y fáciles de seguir.