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La penalización por una mala salida de carrera en la Fórmula 1 de 2026 será mucho más severa que nunca. Según Oscar Piastri, de McLaren, una mala arrancada podría costarle a un piloto hasta siete posiciones en la parrilla—convirtiendo, en la práctica, la primera vuelta en un sprint de F2 más que en la salida relativamente controlada a la que los aficionados se han acostumbrado. Esta afirmación, tan llamativa, subraya el reto de fondo que ha surgido desde la introducción de las nuevas unidades de potencia híbridas: ahora los pilotos se enfrentan a una auténtica prueba técnica solo para lograr una salida competitiva.
El origen del problema es la eliminación del MGU-H (Motor Generator Unit-Heat) de la arquitectura híbrida del V6 turbo de 1,6 litros. Antes, este motor eléctrico trabajaba junto al motor de combustión para hacer girar el turbocompresor, gestionando de forma efectiva el turbo lag en la zona baja de revoluciones. Sin él, los pilotos deben ahora acelerar manualmente el motor durante 10 a 15 segundos para generar suficiente presión de turbo antes de soltar el embrague—un proceso que, como señaló un periodista, «se siente como una eternidad».
La precisión necesaria es casi quirúrgica. Oliver Bearman reveló que la ventana para lograr las condiciones óptimas de salida se mide en milisegundos, dejando prácticamente cero margen de error. Para complicarlo aún más, el tamaño del turbo varía según el fabricante, así que no existe una solución universal: Ferrari parece utilizar turbos más pequeños que requieren menos tiempo de preparación, mientras que otros equipos sufren con configuraciones más grandes.

El verdadero peligro aparece al considerar el procedimiento actual de salida, definido en el Artículo B5.7 del Reglamento Deportivo. Normalmente, transcurren menos de 10 segundos entre que el último coche se detiene en la parrilla y que se apagan las luces para señalar la salida. Para los pilotos situados en la mitad delantera, ese margen suele ser suficiente. Para quienes están más atrás, es una receta para el desastre.
Piastri lo explicó sin rodeos: «La diferencia entre una buena y una mala salida el año pasado era que tenías un poco de patinaje o una mala reacción. Este año podría ser, en la práctica, como una carrera de F2 en la que casi entras en anti-stall o algo así. No solo pierdes cinco metros o así; si sale mal, podrías perder seis o siete puestos».
Y no era una simple especulación: el susto de Franco Colapinto en Baréin durante una salida de práctica, cuando su Alpine perdió el control de repente y se fue hacia la hierba, mostró las consecuencias en el mundo real.
Andrea Stella, de McLaren, recalcó que esto es, ante todo, un asunto de seguridad, no de competitividad: «Tenemos que asegurarnos de que el procedimiento de salida permita que todos los coches tengan la unidad de potencia lista, porque la parrilla no es el lugar en el que quieres tener coches que tardan en arrancar». La preocupación es muy concreta: un pelotón de 22 coches con capacidades de lanzamiento muy dispares es un accidente esperando a ocurrir.
La FIA se ha comprometido a abordarlo en la reunión de la Comisión de F1, con posibles ajustes de procedimiento previstos antes del Gran Premio de Australia a principios de marzo. Si eso implicará ampliar el intervalo entre la formación final en parrilla y la secuencia de luces, u otras modificaciones técnicas, está por ver. Lo que sí está claro es que Melbourne será un punto de inflexión: o los equipos habrán resuelto el rompecabezas, o los aficionados de la Fórmula 1 en todo el mundo presenciarán un caos a una escala sin precedentes.

Es ingeniero de software y un gran apasionado de la Fórmula 1 y los deportes de motor. Es cofundador de Formula Live Pulse, una empresa dedicada a hacer que la telemetría en directo y la información sobre las carreras sean accesibles, visuales y fáciles de seguir.