La frustración de Carlos Sainz en el GP de Madrid con Williams

Carlos Sainz llegó a Madrid con la esperanza de que el paso adelante en el rendimiento de Williams, sumado a los posibles abandonos en cabeza, le permitiera firmar un gran resultado en su carrera de casa. Sin embargo, el nuevo trazado dejó al descubierto las carencias del FW48 desde los primeros entrenamientos libres, en su última participación antes de que Williams introduzca su paquete de mejoras en Bakú.
El fin de semana comenzó a torcerse en la sesión de clasificación. Sainz y Alex Albon terminaron separados por apenas 0,005 segundos en la Q1, con el piloto anglotailandés por delante al copar las posiciones 16.ª y 17.ª. Esa mínima diferencia reflejó que ambos exprimieron prácticamente todo el potencial disponible del monoplaza. Para colmo, Sainz recibió una sanción de tres puestos en parrilla por estorbar a Valtteri Bottas, lo que le relegó a la 20.ª plaza, justo por detrás de los dos Cadillac.

Consciente de lo complicado que resultaría adelantar, Sainz pasó al ataque desde la salida. Con el neumático duro, ganó tres o cuatro posiciones nada más apagarse el semáforo, pero se vio atrapado en el embudo de la curva 1 y terminó tocándose con el Racing Bulls de Yuki Tsunoda. El impacto causó daños en el fondo plano y arruinó cualquier opción de remontada.
«Por desgracia, a partir de ese momento tuve daños en el coche y se convirtió en una carrera de pura supervivencia, porque me quedé sin carga aerodinámica trasera durante el resto de la prueba», comentó Sainz.
El toque con Alonso remata una tarde para olvidar
Más adelante, Sainz protagonizó otro incidente en la curva 5, en esta ocasión con Fernando Alonso. El asturiano dañó su alerón delantero y protestó por haber sido arrinconado contra el muro, mientras que el madrileño defendió que en esa curva no cabían dos coches.

«Es la propia naturaleza de esa curva al girar a derechas; creo que se quejó por radio y logró que me sancionaran, como siempre», señaló Sainz. El madrileño cumplió una penalización de cinco segundos durante su parada en boxes, aunque insistió en que el incidente vino condicionado por el estrecho espacio de la trazada y la necesidad de mantener la línea de carrera.
El daño en el suelo del coche terminó convirtiendo en estéril cualquier intento de continuar. Sainz rodaba a casi un segundo del ritmo competitivo, y Williams optó por retirar el monoplaza tras 43 vueltas.
«En el momento en que pierdes un trozo del fondo plano, se acabó», explicó el piloto español, reconociendo además que, incluso completando una carrera impecable, difícilmente habría podido pasar del 16.º puesto.

La gran nota positiva fue la afición. Sainz agradeció a los aficionados madrileños su impresionante respaldo y aseguró que ya tiene ganas de volver, confiando en que futuras ediciones le permitan luchar por objetivos mucho más ambiciosos que un 15.º o 16.º puesto. Este desenlace subraya además la trascendencia del próximo paso de Williams: el equipo prevé un gran salto con su versión B en Bakú.
Albon concluyó en una mejor posición dentro del garaje de Grove, pero afrontó una carrera igual de complicada. Calificó el fin de semana como una de sus actuaciones más sólidas, aunque admitió que el coche carecía del ritmo y la carga aerodinámica necesarios para hacer durar los neumáticos duros, dejándolos expuestos a perder temperatura en cuanto la banda de rodadura se desgastaba.
