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A medida que la Fórmula 1 se adentra en su revisión más radical de las unidades de potencia desde que debutaron las normas híbridas en 2014, Ferrari ha tomado una decisión estratégica que podría separarla de forma decisiva de sus rivales fabricantes. La elección de la Scuderia de apostar por un diseño con turbo pequeño en lugar de los turbos grandes preferidos por la competencia es una lección de innovación técnica, subrayada además por las contundentes salidas del equipo italiano durante los test de Baréin.
Durante más de una década, el Motor Generator Unit-Heat (MGU-H) fue el gran igualador en las estrategias de turbo de la Fórmula 1. Este motor eléctrico en el eje del turbo podía hacer girar la turbina para optimizar la presión de soplado o frenarla mientras recuperaba energía. Ofrecía a los fabricantes una flexibilidad notable a la hora de dimensionar el turbo, permitiendo que los equipos con turbos más grandes gestionaran sus desventajas en situaciones de baja velocidad.
Sin embargo, el reglamento de 2026 elimina por completo el MGU-H, alterando de raíz el cálculo para los diseñadores de unidades de potencia. Sin ese colchón eléctrico, los equipos deben depender únicamente del flujo de gases de escape para generar presión de admisión. Este cambio normativo dejó al descubierto un error clave entre los competidores de Ferrari: no supieron ver hasta qué punto sus diseños de turbo grande se habían vuelto dependientes del MGU-H para rendir al máximo.
Ferrari, históricamente el único fabricante que apostaba por una configuración de turbo pequeño, está ahora en posición de exprimir al máximo esa elección arquitectónica. Un turbo pequeño alcanza la presión de soplado máxima antes, ofreciendo la respuesta al acelerador y el control precisos que exigen circuitos como Mónaco. Y, lo que es más importante, este diseño brilla en las salidas y en las paradas en boxes: situaciones en las que se necesita una aceleración rápida del motor de combustión desde bajas rpm.
Las ventajas van más allá del rendimiento en circuitos concretos. Los turbos pequeños requieren menos gestión de la válvula de descarga (pop-off) y de la wastegate, reduciendo el desperdicio de energía que antes se compensaba con el MGU-H. En el nuevo reparto 50/50 de potencia de 2026 entre el motor de combustión y el sistema eléctrico —con el ICE entregando 400 kW mientras el sistema híbrido aporta 350 kW—, esta ganancia de eficiencia pasa a ser matemáticamente significativa.

La elección de turbo de Ferrari encaja a la perfección con su filosofía global para 2026. La arquitectura compacta del motor permite un diseño de chasis más flexible, lo que da margen a los ingenieros para optimizar la eficiencia aerodinámica sin comprometer el empaquetado. Este enfoque integral significa que Ferrari no se limita a perseguir caballos: está construyendo una plataforma completa en la que cada componente potencia las virtudes del resto.
Aunque la ventaja técnica de Ferrari parece real, será la temporada 2026 la que termine de validar esta estrategia. Los rivales que llegan a 2026 con turbos grandes deben ahora adaptar una filosofía de desarrollo muy dependiente del MGU-H a un panorama de propulsión radicalmente distinto. Para Ferrari, esto no es solo una victoria de ingeniería, sino la confirmación de años dedicados a desarrollar una arquitectura que solo ahora revela su verdadero potencial.

Es ingeniero de software y un gran apasionado de la Fórmula 1 y los deportes de motor. Es cofundador de Formula Live Pulse, una empresa dedicada a hacer que la telemetría en directo y la información sobre las carreras sean accesibles, visuales y fáciles de seguir.
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