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Durante años, los límites de pista han sido uno de los frentes más polémicos de la Fórmula 1. Los pilotos apuran al máximo en busca de ganancias marginales, los equipos defienden con uñas y dientes a los suyos, y los comisarios se mueven en un laberinto agotador de decisiones discutidas. El Gran Premio de Austria de 2023 fue el ejemplo perfecto de ese caos: obligó a los oficiales a revisar más de 1.000 posibles infracciones en un solo fin de semana, una carga de trabajo descomunal que dejó clara la urgencia de una intervención tecnológica.
Entra en escena RaceWatch, el sofisticado centro neurálgico digital de la FIA, que integra la detección de incidentes en tiempo real y la supervisión de límites de pista mediante inteligencia artificial. Este año marca un punto de inflexión: el organismo rector desplegará un sistema completamente renovado que promete transformar la forma en que se controlan las infracciones, haciendo el proceso más rápido, más justo y mucho más transparente.
El sistema de visión por ordenador de la FIA, desarrollado en colaboración con Catapult, ahora detecta automáticamente las infracciones de límites de pista al reconocer la silueta de un coche y analizar su comportamiento frente a puntos de referencia predefinidos. Antes, los oficiales dependían de pequeños equipos situados en las curvas a pie de pista, un proceso laborioso que favorecía la inconsistencia. Hoy, aproximadamente el 95% de los casos se procesan de forma automática, y solo el 5% requiere revisión manual por parte de los comisarios: una reducción de carga de trabajo de proporciones sísmicas.
Las innovaciones que llegarán en 2026 aceleran aún más esta transformación. Lo más importante: la FIA enviará las imágenes de la infracción directamente a los equipos en el mismo momento en que se marque una violación, eliminando las largas deliberaciones posteriores a la carrera y aportando claridad inmediata. Esta transparencia sin precedentes ataca una fuente persistente de frustración tanto para los competidores como para los aficionados.
El gran salto está en el sistema Every Car All Turns (ECAT), que mide el comportamiento de cada vehículo frente a un modelo de referencia idealizado utilizando tanto datos de posicionamiento como información de tiempos por microsectores. En lugar de depender únicamente de las cámaras —que inevitablemente tienen zonas sin cobertura en distintos circuitos—, ECAT emplea geovallado avanzado y sistemas de posicionamiento de alta precisión para crear un «gemelo digital» en tiempo real de lo que ocurre en pista.
Cuando un coche se desvía de la trazada óptima, necesariamente recorre más distancia, lo que provoca un cambio detectable en el tiempo del sector. RaceWatch cruza estos datos de telemetría para identificar con exactitud dónde se produjo la infracción, evitando la necesidad de un análisis exhaustivo de vídeo. Las GPU de alto rendimiento permiten ahora el procesamiento distribuido en la infraestructura de red de la FIA, haciendo posible la verificación instantánea de cada vuelta.
Al eliminar la subjetividad de la ecuación y anclar las decisiones en datos objetivos de posición y cronometraje, la FIA replantea de raíz cómo la Fórmula 1 aplica su normativa más discutida. Queda por ver si esta revolución tecnológica logrará, por fin, silenciar el coro permanente de quejas sobre los límites de pista; pero, por primera vez, las pruebas serán irrefutables.

Es ingeniero de software y un gran apasionado de la Fórmula 1 y los deportes de motor. Es cofundador de Formula Live Pulse, una empresa dedicada a hacer que la telemetría en directo y la información sobre las carreras sean accesibles, visuales y fáciles de seguir.
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