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El director de competición de Audi en Fórmula 1, Allan McNish, ha recordado la experiencia decisiva de probar un monoplaza de McLaren con Ayrton Senna presente, un episodio temprano que le ayudó a comprender qué hace falta para triunfar en la élite del automovilismo.
McNish se ha puesto recientemente al frente del proyecto de Audi en Fórmula 1, después de años vinculado a la marca alemana como piloto de resistencia y director de equipo en Fórmula E. Inicialmente había sido nombrado responsable del programa de desarrollo de pilotos de Audi, antes de ascender al puesto de director de competición durante una reestructuración de la directiva tras la sorprendente marcha de Jonathan Wheatley en marzo.
La oportunidad de competir en Fórmula 1 le llegó a McNish con Toyota en 2002, cuando completó su única temporada como piloto de Grandes Premios. Sin embargo, su camino hasta la parrilla había comenzado mucho antes. McNish probó por primera vez para McLaren en 1989, cuando aún era adolescente, y Senna estuvo presente para supervisar aquella primera jornada.
En declaraciones a Motorsport.com, McNish explicó que el test tuvo lugar poco antes del Gran Premio de Macao. En aquel momento, no llegó a asimilar del todo la importancia de trabajar junto al vigente campeón del mundo y a un equipo que también se encontraba en la cima del deporte.
«Fue justo antes de ir al Gran Premio de Macao, en realidad», explicó. «En aquel momento no pensé realmente en ello, porque simplemente estaba “haciendo cosas”. Él era Ayrton Senna, campeón del mundo; McLaren era el campeón del mundo, pero simplemente ibas y lo hacías».
La primera impresión, sin embargo, fue imposible de ignorar. «Lo que sí recuerdo es que salí del coche pensando: “¡Dios mío, esto es rapidísimo!”»
La atención de Senna a la fricción del motor y a otros detalles ofreció a McNish una referencia temprana. También reforzó una lección que sigue siendo fundamental en su forma de trabajar en Audi: el talento por sí solo no basta. Según explicó, el éxito exige un nivel mayor de compromiso y atención en cada etapa.
«El talento solo te lleva hasta cierto punto. Hay que aportar una ética de trabajo y una atención al detalle», afirmó McNish.
McNish aún conserva la impresión original de los datos de aquel primer test en Estoril. A diferencia de las comparaciones actuales, consistía en dos hojas que había que unir y levantar hacia la luz. El coche también conservaba un pedal de embrague y solo tenía dos botones en el volante: detalles que muestran hasta qué punto aquellos monoplazas eran diferentes de los actuales.
Ahora McNish espera que el progreso de Audi continúe cuando la Fórmula 1 regrese de sus vacaciones de verano el próximo fin de semana, en el Gran Premio de los Países Bajos. El equipo llega después de una temporada de debut que describió como relativamente prometedora. Su primera lección junto a Senna sigue vigente: progresar depende de elevar el nivel en cada área.
Esa misma mentalidad de desarrollo a largo plazo también está presente en el compromiso de Audi con Gabriel Bortoleto, otra pieza del emergente proyecto del equipo en Fórmula 1.

Es ingeniero de software y un gran apasionado de la Fórmula 1 y los deportes de motor. Es cofundador de Formula Live Pulse, una empresa dedicada a hacer que la telemetría en directo y la información sobre las carreras sean accesibles, visuales y fáciles de seguir.